Camilo Torres

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Camilo Torres. Miniaturas. Biblioteca Luis Ángel Arango, Banco de la República

Camilo Torres Tenorio nació en Popayán el 22 de noviembre de 1766, y fue hijo de don Jerónimo Francisco de Torres y Herreros, castellano establecido en el Nuevo Reino desde mediados del siglo XVIII, y de doña María Teresa Tenorio y Carvajal.

Camilo Torres fue un destacado patriota y afamado jurisconsulto; su dominio de la oratoria y del derecho hicieron que se le conociera como el catón y el Demóstenes colombiano. Fue el alma de la política de su patria durante los angustiosos momentos previos a la Independencia, y está considerado como uno de los primeros libertadores de Venezuela, pues respaldó a Bolívar —a todo trance—, en los peores años de la lucha por la independencia americana. En Popayán, en los claustros del Seminario en que estudiaron Caldas, el general Tomás Cipriano de Mosquera y otras figuras insignes, adelantó estudios secundarios y se hizo filósofo a temprana edad, bajo la dirección de otra figura preclara de la época: el doctor Félix Restrepo.

 

A los 22 años llegó a Santafé sin ningún bien de fortuna, pero en posesión de una sólida educación que incluía los cursos de filosofía moderna, algo de derecho, teología, y tres o cuatro idiomas. Estudió derecho en el Colegio Mayor del Rosario y al graduarse instaló su oficina de abogado que pronto cobró gran prestigio, debido al talento y conocimiento de la jurisprudencia que poseía y a los excelentes consejos de su tío, don Ignacio Tenorio, quien fuera oidor en Quito.

En su condición de "abogado recibido por la Real Audiencia y Chancillería" va aplicando los basamentos filosóficos a las condiciones político-sociales, hasta llegar a irrevocables y profundos conceptos de derecho público, como libertad, soberanía, independencia y constitución, tan representativos de los nuevos sistemas políticos europeos.

Inmerso en estas ideas, Camilo Torres prevé grandes acontecimientos en el panorama político. La consolidación de la universidad, la biblioteca, la imprenta, las tertulias, el periodismo y las nuevas teorías científicas agitan el cerrado y severo ambiente de Santafé de Bogotá. La juventud escandaliza la ciudad con sus tesis novedosas, sacudiendo una rutina de tres siglos de mutismo, de moral severa propicia al anonimato, a la mediocridad y a la hipocresía. En este difícil medio, Camilo Torres va logrando su equilibrio interior, su ritmo mental, su riguroso ordenamiento. Su carácter se hace sobrio, aspecto que lo convierte en introvertido y severo. La madurez interior —basada en renovadas experiencias— se manifiesta en su mayor perfección intrínseca enfrentada al prosaísmo de una sociedad timorata y recelosa.

En esta época de estudio y reflexión, parece que Torres acumulara energía para los días próximos. El panorama de los hechos sociales y económicos va desplazando al familiar y amable de su lejana Popayán.

El virrey Mendinueta y Múzquiz —el mismo que pidió al barón Von Humboldt que analizara las salinas de Zipaquirá—, ofreció a Camilo Torres diversos cargos en la administración municipal, los cuales fueron rechazados por el prócer. A cambio, éste pidió como gracia la concesión de autorización para leer libros prohibidos, en este caso, de autores franceses dedicados a escribir acerca de temáticas políticas y sociales. Sin embargo, bajo la administración del virrey Amar y Borbón, accedió Torres a ocupar la plaza de asesor del Cabildo de Santafé, con el fin de tener una posición cerca del elemento oficial que le permitiera ser útil a la causa independentista. Así, en 1809, Camilo Torres redactó el documento "Representación del Cabildo de Santafé, capital del Nuevo Reino de Granada, a la Suprema Junta Central de España".

Las circunstancias peculiares del momento histórico obligaban a proceder con cautela. Desde 1794, Torres se hacía sospechoso ante las autoridades, según él mismo lo informó a su padre. Las colonias iberoamericanas se abocaban a esos procesos antecesores de rebelión que, por fuerza de los hechos, necesariamente conducen a la lucha armada.

Cuando en 1812 la nueva nación se dividió entre federalistas y centralistas, Torres asumió el poder ejecutivo desde dicho año hasta 1815, cuando se organizó el gobierno de los triunviros. Durante la "patria boba" tuvo Camilo Torres fuertes altercados con Nariño y con los diputados del primer congreso general del Reino, que se reunió en 1810. En 1815 fue elegido de nuevo presidente, pero en esta oportunidad con poderes que se extendían a todo el Nuevo Reino, ya que Antonio Nariño estaba cautivo en manos de los españoles.

Uno de los hechos que empañaron la apreciación de Camilo Torres por parte de sus contemporáneos, fue la sorda oposición que hizo a Antonio Nariño, agravada por el hecho de negarse rotundamente a defenderlo durante el proceso que se adelantaba en su contra por la traducción y publicación de "Los derechos del hombre y del ciudadano".

Mientras intentaba huir del Terror instaurado por Pablo Morillo en Santafé, Camilo Torres fue apresado en compañía de Torices en el puerto de Buenaventura, cuando intentaban abordar un buque que los conduciría a Argentina. Detenido junto con su compañero, Torres fue llevado a Bogotá, y luego de una parodia de juicio, este insigne hombre de letras, político brillante, fue vilmente fusilado por la espalda, como traidor al rey, el 5 de octubre de 1816, a los 50 años de edad. Su cuerpo fue luego suspendido en una horca y posteriormente descuartizado. Como la cabeza de Cicerón, el insigne romano, la de Camilo Torres Tenorio fue puesta en escarpias.

Las ideas de Camilo Torres, el primero de los pensadores neogranadinos, tienen alcance extraordinario y presentan a este prócer como uno de los conductores más interesantes y dignos de estudio en la historia del Nuevo Mundo. Su vida fue limpia y generosa, de acción incesante y ejemplar. Legó una obra sólida y profunda, y su agitada carrera política no fue obstáculo para el desarrollo armónico de su existencia interior.
 

Memorial de Agravios.

En ejercicio del cargo de asesor del Cabildo de Santafé de Bogotá, Camilo Torres redactó el documento "Representación del Cabildo de Santafé, capital del Nuevo Reino de Granada, a la Suprema Junta Central de España, en el año de 1809", texto conocido como "Memorial de agravios".

El Memorial fue escrito a fines de 1809 cuando era más incierta la situación política en Europa. La revuelta de Quito, que en principio trajo entusiasmo y esperanzas a los patriotas, empezaba a dar muestras de colapso por la discrepancia de opinión en las provincias.

Dado a la luz pública un año antes de los sucesos del 20 de julio en Santafé, el Memorial circuló activamente en copias por la capital y vino a ser uno de los elementos determinantes en el desarrollo del grito de independencia del Nuevo Reino de Granada.

Al redactar el Memorial, Camilo Torres no esperaba realmente convencer a los miembros de la Suprema Junta de la justicia de las apreciaciones contenidas en el documento, sino producir una proclama destinada a la propaganda revolucionaria. Así lo pregona el tono mismo del Memorial en el que se expresan claramente referencias vehementes a la libertad y sugerencias no veladas a la posibilidad de separación y autogobierno del Nuevo Mundo. Camilo Torres consideraba de manera acertada que el momento político era adecuado para la separación: por difíciles que fueran en esa época las comunicaciones, no hay duda que Torres conocía muy bien la situación de España, y se daba cuenta cabal de lo propicia que era para el éxito de los movimientos independentistas y estaba en posición de valorar justamente las condiciones que en América permitían pensar en términos de emancipación.

El "Memorial de agravios" de Camilo Torres es un documento extraordinario, uno de los más importantes en el campo de la teoría del Estado y de las relaciones jurídicas entre el reino y su colonia. Su vigor dialéctico es apenas igual al refinado estilo y a la valentía del concepto, aunado todo esto a un alto sentido del deber patriótico. La petición jurídica del derecho de la Nueva Granada a gobernarse a sí misma proviene de este documento, que el Cabildo aceptó pero que el virrey Amar no quiso presentar a la Junta Central de España. Sucedió al Memorial lo que a muchas obras de valor eximio consagradas en su hora, y sobre las cuales vino a producirse con el correr del tiempo un consenso de admiración convencional y un tanto inconsciente, basado de modo exclusivo en los criterios de autoridades históricas o jurídicas, pero que no se conocen de primera mano por parte del público.

Con el "Memorial de agravios", Camilo Torres quiere llegar más allá del dilema de representación adecuada y digna ante la Corona, o de emancipación, para plantear una concepción de Estado, a la vista de las circunstancias históricas y sociales de la Nueva Granada, y siguiendo los preceptos de los maestros en la teoría política europea, cuyas obras Camilo Torres conocía en detalle.

Torres comprendía muy bien que la situación política entre el reino y sus colonias no admitía alternativas, y que debía ser planteada en términos excluyentes: rey o pueblo, absolutismo o democracia, monarquía o república. Debido a que Torres se desempeñaba como asesor del Cabildo, un escrito destinado a la Junta que representaba al rey, en momentos en que la estructura colonial se encontraba aún en pie y con un virrey a quien respaldaban las armas, debió apelar a los recursos de la dialéctica para enmascarar con un discurso respetuoso la circunstancia que era la base del Memorial: la sustitución de la autoridad monárquica por el régimen representativo, que es la base y la esencia de la democracia.

Todo el Memorial no es más que un ataque al poder absoluto con el arma de la justificación de un gobierno en que el pueblo, por medio de sus representantes legítimos desarrolla sus funciones y prerrogativas esenciales. Es cierto que existía la finalidad aparente por parte de Torres de dar a entender que la idea del documento era la de ejercer un legítimo derecho de reclamación ante el rey de España para lograr una mayor representación ante la Corona, pero su intencionalidad profunda es la de preconizar que el sistema representativo es la meta ideal de gobierno para América.

En cuanto al Cabildo —órgano representativo popular del que no debemos olvidar que era asesor Camilo Torres—, desde el siglo xvi, por la multiplicidad de funciones que les estaban asignadas y que comprendían desde el nombramiento de alcaldes hasta la distribución de la tierra, constituyeron un formidable poder propicio al florecimiento del nepotismo y de graves irregularidades e injusticias. Pero no debe olvidarse que a ellos fue encargada la labor de colonización cumplida con éxito evidente y que en su seno se formularon advertencias e informaciones para una mejor administración y se produjeron gestos y actuaciones enérgicas de reclamo cuando se consideraron excesivas y desconsideradas las disposiciones reales.

Los líderes de los cabildos planteaban ante la Corte y el Consejo de Indias, y en nombre de las ciudades del Nuevo Reino, problemas tan importantes como el apoyo a la construcción de caminos, la equitativa distribución de los repartimientos, la provisión de fondos para obras primordiales en los nacientes municipios, la justa exención en el cobro de algunos tributos y de los diezmos que afectaban no sólo al algodón sino a la mano de obra de los aborígenes, y otros muchos aspectos de la interacción de la administración con la población civil.

Más tarde, en el ocaso de la dinastía de los Austrias, los cabildos vinieron a menos por muchas razones, principalmente porque fueron privados de algunas de sus más importantes prerrogativas, y el Gobierno central, acosado de deudas, optó por autorizar la venta de los cargos públicos, abriendo así la puerta a innumerables abusos y en general a la desidia y al desorden en la vida municipal. Pese a todo, los cabildos mantuvieron siempre la facultad de representar los intereses públicos y llevar la voz de la comarca y en momentos decisivos hicieron honor a estas consignas como en el memorable año de 1781, cuando las nuevas exacciones y los abusos de los funcionarios reales produjeron el gran movimiento popular de los Comuneros del Socorro, al cual adhirieron entusiastas muchos de los cabildos del Nuevo Reino.

Finalmente debemos señalar que el "Memorial de agravios" es el documento que unió y dio coherencia jurídica a la reclamación por parte de las Colonias de una forma de gobierno representativo que eliminara el sistema de opresión y explotación a que las había sometido la corona española.

 Tomado de:

MAS SOBRE CAMILO TORRES TENORIO    (Tomado de VillegasEditores.com)
 

Camilo Torres Tenorio (Jurisconsulto)
Texto de: Rasgos biográficos de los Próceres.
La guerra de la independencia en Nueva Granada, por lo que se refiere al tiempo trascurrido de 1810 a 1816, jiraba al rededor de Camilo Tórres como una rueda movida por el viento sobre su eje.

Este ciudadano era de estatura regular, rostro pálido i severo, mirar profundo, voz sonora i pausada, i tenia en sus costumbres, una austeridad admirable, siendo su carácter ríjido al mismo tiempo que respetuoso.

El doctor Tórres gozaba de una razon profunda; estaba siempre sobre sí mismo, i tenia tal fe en la lójica de sus principios, que poseia como orador el arte de esponer con suma facilidad i elocuencia.

Era hombre que por su naturaleza intelectual, causaba entusiasmo a los temperamentos enérjicos, arrastraba a las muchedumbres i llenaba de pánico a los timoratos.

El 20 de julio de 1810, presentándose en el Cabildo en que se estaban discutiendo las bases que debia contener el acta de nuestra emancipacion, tomó la palabra i con acento viril pronunció un discurso que arrastró la voluntad de los Vocales i llenó de admiracion al pueblo. Inmediatamente, sin dejar pasar las buenas impresiones que habian hecho en el auditorio sus palabras, tomó pluma i papel i escribió el ' Acta de la independencia,' que se firmó sin variacion alguna.

Júzguese por aquí del ascendiente de aquel benemérito prócer sobre sus conciudadanos. Era evidente que en aquella sesion habia almas que aunque amigas de la libertad, no por esto dejaban de estar bajo el pesado dominio de las preocupaciones de su época; preocupaciones sociales, políticas, morales i relijiosas, emanadas de un Gobierno cuya instabilidad alcanzaba a trescientos años.

Pues bien, el orador hablando con enerjía i ciencia, desarrolla una doctrina desde la cumbre de aquel Sinaí, i llevando una conviccion profunda a los espíritus tímidos, los hace romper de un modo formal con el pasado i entrar con entusiasmo por el nuevo camino que habia de cavar su tumba al despotismo en América.

Desde aquel dia, memorable en la historia, el prócer no solamente fué un hombre grande entre los suyos, sino tambien una especie de oráculo que presajiaba los destinos de la Nacion.

Camilo Tórres nació en Popayan el 28 de noviembre de 1765, i recibió su primera educacion en el colejio Seminario de aquella ciudad.

A los veinte años de edad se trasladó a Bogotá, con el fin de terminar sus estudios, i a los veintisiete obtuvo el grado de doctor en Jurisprudencia; profesion que en aquellos tiempos armonizaba perfectamente con el carácter severo con que la Providencia dotó a aquel mártir de la República.

Cuando recibió el título gozaba ya de una justa celebridad, ganada en la prensa, en la tribuna i en el profesorado; reputacion que cada dia iba en aumento, debido a la rijidez de sus costumbres privadas, a la honradez catoniana de su vida i a sus cultas maneras.

Apénas salió del colejio, los honores i distinciones lo favorecieron a menudo: nombrándosele por el Virei, Asesor del Cabildo i Catedrático de Derecho civil; empleo que desempeñó con tal lucimiento, que asistian a sus lecciones muchos de los altos dignatarios públicos i gran número de jóvenes de mérito sobresaliente.

Desde entonces adquirió el doctor Tórres la fama de ser el abogado mas probo i consumado de Nueva Granada, citándose sus alegatos jurídicos como inimitables piezas por su erudicion, su elegancia i la precision con que trataba la cuestiones. Tal es, al ménos, el concepto de algunos historiadores i en especial del señor Restrepo.

Amante entusiasta de la libertad, no por seguir el torrente de la opinion que amenazaba trasformarlo todo, sino por amor al derecho, que era el culto de su intelijencia, jamas echó pié atras cuando se trató de servir a la causa que con tanto brio defendia; así que, durante su vida se le ve ocupando los primeros puestos en su Patria, infatigable en la eficaz cooperacion que supo prestar a la República que nacia, en medio de rayos i truenos, del seno de la nada.

La historia le increpa una falta que aun muchos de sus conciudadanos no olvidan; hecho que es necesario apreciar con elevada crítica, a fin de establecer la razon de las cosas; esta falta fué la enemistad profunda que profesó al Jeneral Nariño por sus ideas centralistas, i el haber dividido a los patriotas en dos bandos que se desangraron en los campos de batalla, deseoso de implantar en la Nueva Granada la forma federal en el Gobierno.

Tal pensamiento, en aquella época de conflictos, no era a la verdad prudente, pero ¿ merece la censura el hombre que, sin obedecer a ningun mal pensamiento, publica i sostiene un error de entendimiento que constituye su mas sincera conviccion ?

Para nosotros, lanzar un fallo condenatorio sobre la conducta de un ciudadano, porque sostiene con lealtad las ideas políticas que constituyen la relijion de su conciencia, es echar a un lado la razon para dar pábulo a los dictados de la intolerancia.

Así, pues, el doctor Tórres, al promulgar i sostener la federacion en su calidad de gobernante i de hombre de altas influencias, defendia una idea que creia justa, i necesaria talvez, a la causa de la independencia, sin que por esto su gloriosa memoria se menoscabe en lo mas mínimo ante el juicio de la posteridad.

Todo lo contrario, defender por conviccion una idea que se reputa como buena por los demas pero cuya oportunidad se niega, tiene tambien su grandeza.

Para esto se necesita un gran valor civil, que es tan meritorio como el heroismo de los guerreros. Valor que ha prestado a las naciones mil veces mas servicios que los que les han ofrendado los hombres de espada, porque es por medio de él como se operan esas trasformaciones útiles a los pueblos que vienen por el carril de la razon que convence, en vez de la fuerza que humilla.

A Camilo Tórres lo habia dotado la Providencia de un atrevimiento sereno, así en la majistratura como en la tribuna i en la prensa; Dios le habia dado un corazon patriota i ardiente; i una intelijencia admirable.

El por su parte juzgó que agregando a las cualidades que le dio la naturaleza otras que en el fondo dependen de nuestra voluntad:

Costumbres austeras;
Honradez de principios;
Modales afables;
Ambicion recta i moderna; i
Elevacion de miras,

Llegaria, como en efecto lo consiguió, a granjearse las simpatías de sus conciudadanos; subiendo hasta ponerse a la cabeza del gran movimiento iniciado contra el despotismo.

Así que, frecuentemente estuvo de Presidente del Congreso de Nueva Granada, solemne improvisador, llevando la palabra en las deliberaciones; unas veces impetuoso como el torrente que arrastra cuanto encuentra en su curso, otras calmado como el lago, cuando el asunto era mas bien de ciencia i exijia tranquilidad.

Presidente de las Provincias Unidas, de 1812 a principios de 1816, prestó a la República importantísimos servicios que contribuyeron eficazmente al triunfo de la libertad, i le granjearon el odio profundo que le profesaron los españoles i que lo condujo al bárbaro suplicio con que la tiranía lo castigó.

El año de 12, cuando Bolívar, derrotado de Venezuela, vino a la tierra de Tórres en busca de recursos con que defender la libertad en su Patria, éste, comprendiendo la talla del Libertador i sabiendo que la causa era comun, le dió cuanto pudo para que volara hasta Carácas en busca de lo que se prometia, poniendo a su servicio una pléyade de jóvenes granadinos que, muriendo gloriosamente en los campos de batalla, dejaron al mundo asombrado por su resignacion i valentía.

El año de 16, a consecuencia de la llegada de Morillo a Nueva Granada, el doctor Tórres se dirijió a Popayan evitando el ser víctima de la rabia que le profesaban los tiranos.

Allí fué capturado en breve, i traido a Bogotá, se le puso a disposicion de un consejo de asesinos que lo condenó a sufrir la ' pena capital con la exhibicion de su cadáver para mayor escarnio de los traidores.'

El 5 de octubre del año últimamente dicho fué arcabuceado por la espalda, en la plaza de los mártires, aquel gran demócrata, apóstol de la libertad i benefactor de la Patria.

Sus restos mortales fueron despues suspendidos en una horca por doce horas i en seguida descuartizados, colocándose su cabeza, que tanta luz habia irradiado, en una jaula de hierro que se exhibió en la alameda, permaneciendo allí hasta el dia 14 del citado mes, dia del cumpleaños del célebre Fernando VII.

Mas apesar de todo, la causa defendida con tanta vehemencia por el mártir obtuvo una completa victoria; porque como él lo habia dicho, ' siempre triunfa el derecho en su lucha contra el despotismo, porque Dios ha querido que los pueblos sean eternos i que los tiranos pasen.'

I cuando el arte llegue a tal altura entre nosotros que pueda tributar su debido homenaje a los hombres grandes, la Patria agradecida grabará en el mármol la figura de Camilo Tórres, emblema del valor civil i del republicanismo austero, i la colocará al lado de la de Bolívar, símbolo del jenio i del valor militar.



 

Licorera de Camilo Torres
Siglos XVIII y XIX
Nogal, cristal
Reg. 955
Donado por monseñor José Restrepo Posada
Figura en Catálogo del Museo Nacional (1960).

Caja de nogal, con chapa y goznes de hierro, del siglo XVIII. Contiene 6 frascos de cristal del siglo XIX. Aunque aparece registrada como una licorera su función debió ser la de transportar material médico o químico.
 
Camilo Torres terminó sus estudios de derecho en Santa Fe donde se incorporó a las tertulias como la de Antonio Nariño; en estas reuniones conoció a otros intelectuales y compartió sus ideas revolucionarias. Escribió el Memorial de Agravios, pieza fundamental del movimiento independentista. A partir de los sucesos del 20 de julio se incorporó a la Junta de Gobierno. Ejerció el poder ejecutivo en el Congreso de las Provincias Unidas (1812-1814) en defensa del federalismo y en oposición al gobierno de Nariño. Cuando éste último fue puesto preso, Torres entregó a Bolívar la dirección de la guerra. Fue nombrado presidente de las Provincias de Nueva Granada (1815-1816). Hecho prisionero en Popayán, murió fusilado por orden de Pablo Morillo.

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Última modificación: 05 de October de 2009

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